domingo, 2 de mayo de 2010

Corazón de papel

Hace tiempo escribí un relato para la estupenda revista Romántica´S. Se publicó en el número 5, perteneciente al pasado mes de abril. Los relatos siguen sin ser lo mío, pero alguien me dijo que experimentar con cosas y estilos diferentes es bueno y nos ayuda a crecer. Y yo quiero crecer (no en centímetros, porque eso ya no es posible ¡jejeje). Por eso escribí el relato, por eso lo envié a la revista, y por eso os lo traigo hoy aquí a pesar de que no tengo demasiada seguridad en él.
Mi hábitat natural sigue estando en la novela larga.


—Tengo un amante...

Hacía más de diez minutos que lo había escuchado, y a Edurne aún le costaba creerlo. Su puritana, dulce pero sosa, compañera de trabajo, no era de las que tenían amantes. Más bien era de las que acatan con servilismo las órdenes de un esposo, y soportan sus malos modos como si se tratara de un mandato divino. Por eso le sorprendió que le hablara, como una adolescente atolondrada, del seductor hombre por el que al parecer había extraviado la razón.

—¿Ahora dejarás a ese capullo que tienes por marido? —le había preguntado hacía rato, cuando el camarero les sirvió sus bebidas y se alejó hacia la barra.

—¡No! ¡Cómo se te ocurre! —había respondido ella en un arranque de dignidad—. Además, "él" también está casado.

"Casado", se había repetido mientras miraba el vaso y lo giraba con los dedos. ¿No tenía bastantes problemas, aquella mujer, que tenía que complicarse con un casado? ¿No había hombres solteros que además de amarla pudieran alejarla del cabrón que le amargaba la vida?

Laura era simple, pero estaba aprendiendo rápido. Unos meses atrás le hubiera respondido a cualquier pregunta, pero esta vez no le satisfizo la curiosidad por conocer el nombre de su enamorado.

—No te molestes, pero no puedo decirlo. A un amante hay que mantenerlo en la sombra... según tengo entendido —había dicho, intentando hacer un chiste—. No he hablado de él a nadie.

No se lo había contado a nadie. ¡Claro! Ella no era nadie. Nadie que conociera a su marido, nadie que conociera a su familia, nadie que conociera a sus amistades. Solo era la compañera de trabajo con la que a veces se desahogaba. Lo más curioso era que, tanto escucharle confidencias sobre su vida gris, había terminado cogiéndole cariño.

—Espero que sepa hacerte feliz —le deseó con franqueza.

—No lo dudes. Es muy dulce y romántico —dijo con aire bobalicón—. Y apasionado —añadió con una risa tonta.

A Edurne no le extrañó tanta emoción. Según le había contado, su marido era rápido en la cama. Visto y no visto, media vuelta y a dormir. A poco que el amante se preocupara por ella, le resultaría toda una fascinante novedad.

—Me alegro por ti, Laura. Te brillan los ojos y tienes luz en la cara. Te hacía falta algo así.

—¿Sabes cómo se me declaró? —preguntó con timidez. Edurne la invitó con un gesto a que continuara—: con un corazón de papiroflexia rojo, blanco por dentro, y con unas preciosas palabras que él mismo había escrito con su alma —detalló con bobería.

Edurne palideció. Tenía que ser una casualidad. Hay mucha gente aficionada a la papiroflexia... y, las posibilidades de que dos personas diferentes eligieran un corazón para declararse, eran enormes.

—Lo tengo en el bolso —insistió Laura—, bien guardado para que no lo encuentre mi marido. Él... —se sonrojó y volvió a titubear—, a... a veces revuelve entre mis cosas.

—El muy desgraciado —comentó Edurne, inquieta, mientras le veía sacar una novela romántica del bolso y abrirla por el centro.

Allí estaba el corazón rojo que cabía en la palma de una pequeña mano femenina. Lo cogió, presionó por dos de los costados, y el centro se desplegó, dejando a la vista un fondo blanco.

—¡Sabes abrirlo! —dijo Laura, sorprendida—. A mí me costó averiguar los puntos exactos dónde debía tocar.

Edurne leyó en voz baja:

Te entrego mi corazón.
Desde que te vi solo late por ti.
Dime que tengo un rinconcito en el tuyo.

Reconoció las palabras. Reconoció la letra. Reconoció el suave olor a hombre que se desprendía del papel.

Ya no pudo escuchar más.

Disimuló su consternación lo mejor que pudo, y varias veces insistió en felicitarla porque hubiera encontrado a su media naranja. Salió de la cafetería con la disculpa, por otra parte verdadera, de que se le había hecho tarde.

Cuando llegó a casa, su esposo la esperaba en la cocina, con el delantal puesto y con toda su masculina seducción tan latente como si estuviera vestido con esmoquin.

—Hoy te has retrasado un poco, mi vida —le dijo, acercándose a besarla en los labios—. Así que me he puesto con la cena. Te voy a sorprender.

—Lo… siento —titubeo, aún aturdida—. Una compañera de trabajo necesitaba una amiga a quien confiarse. Es tímida. No le sirven las personas que conocen a su marido, a su familia y todo eso.

—Deberías haber sido psicóloga. Se te da bien escuchar —apuntó con orgullo.

—Sí... Ella... Ella tiene un amante —dijo, mirándole con fijeza para no perderse su reacción.

—¿Un amante? Pobre marido, ¿no?

—Sí... No... Bueno, no sé. No la trata muy bien y... ella es joven y guapa y... y hay hombres maravillosos y seductores repartidos por ahí, al acecho de chicas cándidas y hermosas.

—Seguro que no es tan preciosa como tú. Nadie puede serlo más que mi mujercita.

—¿De verdad lo piensas?

—Por supuesto. ¿Por qué crees que perdí la cabeza cuando te descubrí en aquella librería? —Volvió a besarla en los labios antes de alejarse hacia el horno para echar un último vistazo al rosbif.

—¿Tú crees que... —carraspeó, nerviosa—, que después de una aventura, una pareja puede seguir adelante?

Marcos se giró con el paño de cocina entre las manos.

—¿Me estás preguntando si se puede perdonar una infidelidad?

—Sí, pero sin que el amor se resienta.

—Imagino que sí. Todo depende de lo que quieras a tu pareja. ¿Cuánto me quieres tú? —preguntó con una gran sonrisa.

—Mucho —suspiró para deshacerse de la presión en el pecho—. Lo bastante como para perdonarte mil infidelidades.

—¡Vaya! —exclamó al tiempo que arrojaba el paño sobre la mesa y se acercaba de nuevo—. Sí que soy un hombre afortunado. —Volvió a besarla, esta vez más despacio y con más ardor—. Se me quemará el rosbif —susurró, pegado a su boca—. Aunque no me importa. Te cenaré a ti, completa, sin dejarme ni un pedacito. Dime que quieres ser mi cena de esta noche —rogó con la voz ronca y dulce que siempre le derretía la voluntad.

Ella se apartó y le miró a los ojos.

—¿Cuánto me quieres, Marcos? —preguntó, demasiado ansiosa.

—¿Qué pasa? —interrogó con ternura—. ¿Esa chica te ha traspasado sus preocupaciones? Eso no está bien. Deberías presentármela para que le dijera un par de cosas —bromeó mientras le deslizaba los dedos por la espalda—. Sabes que te quiero más que a mi vida, y que no podría vivir sin ti. Lo sabes, ¿verdad?

—Perdona —dijo, nerviosa y sin saber hacia dónde mirar—. Olvida mis tonterías. Voy a cambiarme de ropa.

—Esa es una magnífica idea. ¡Relájate! —aconsejó a la vez que la despedía con una palmadita en el trasero—. En diez minutos habré puesto la mesa y tendré todo listo. Todo para la hermosa reina de mi corazón.

Edurne no disfrutó de los halagos de su marido. Alcanzó el dormitorio, preocupada por si había dicho más cosas de las que debía.

Tenía diez minutos. Habían transcurrido cinco cuando ya se había cambiado de ropa y cepillado el pelo. Entró en el cuarto de baño y cerró por dentro. Del fondo de su neceser sacó el tarro de porcelana de una carísima crema antiojeras. En el interior, limpio y seco, había un pequeño corazón de papiroflexia rojo.

Presionó por los costados y apareció el centro blanco.

Edurne leyó para sí:

Te entrego mi corazón.
Desde que te vi solo late por ti.
Dime que tengo un rinconcito en el tuyo.

Corrió a la alcoba. Tras revolver en un cajón de la cómoda, regresó al baño con algunas cosas en las manos.

Volvió a plegar con cuidado el corazón y le dio la vuelta. La trasera era roja y sin pliegues.

Esta vez, escribió:

Adiós para siempre.
Edurne
PD: Te costará identificarme en tu larga lista de amantes casadas. Tal vez mi fotografía te facilite la labor.

Lo metió en un sobre, acompañado de la horrible foto de carné que se hizo en una cabina del centro comercial.

Despegó el protector del extremo adhesivo, y lo cerró.

Con pulso firme, escribió en el anverso:

A la atención de Andrés Gómez

De nuevo en la habitación, lo guardó en su bolso. Al día siguiente lo enviaría a su destinatario por medio de una agencia de reparto.

Una relajada y dichosa sonrisa le iluminaba el rostro cuando llegó a la cocina siguiendo el delicioso aroma del asado. Y es que su amado Marcos le acababa de perdonar un desliz que jamás sabría que había cometido.

Ángeles Ibirika©

22 comentarios:

Pilar Cabero dijo... [Responder]

Ay. Cuántas veces se pone en peligro algo hermoso, persiguiendo una fantasía.
Te ha quedado muy bien, Ángeles.
Besitos,

LOLA REY dijo... [Responder]

Me ha gustado muchísimo, sorprendente y original. Enhorabuena Ángeles

Olivia Ardey dijo... [Responder]

Te digo lo mismo que te dije cuando lo leí: me encanta. Tienes un ángel especial para la novela larga, la corta, el relato y lo que se te ponga por delante. ¡Felicidades! Y gracias por regalarnos una parte de tí, tus lectoras lo agradecemos de corazón.

Victoria Rodríguez dijo... [Responder]

Pues no será tu fuerte, Ángeles, pero a mí me ha encantado. Tiene los ingredientes principales para ser un buen relato: engancha, sorprende, emociona. Yo creo que no se te da nada mal...

Besitos

Jose dijo... [Responder]

Alucinante Ángeles, de verdad, me has dejado con la boca abierta.

Ángeles Ibirika dijo... [Responder]

Pilar, Lola, Olivia, Victoria, Jose.

Me sorprenden y me encantan vuestros comentarios. No confiaba en cómo me había quedado este relato. Bueno. En realidad no suelo confiar en el resultado de ninguno, pero con este la duda era aún mayor. “Bajo el muérdago” sí me dejó satisfecha, pero creo que es el único con el que he sentido seguridad. Tendré que aprender a confiar más en mí :-)
Con vosotros va a ser fácil.

Un abrazo enorme y millones de gracias por estar aquí, por leerme, por contarme que os ha gustado ^_^

Ana Iturgaiz dijo... [Responder]

Pues creetelo, Ángeles, porque está genial. Yo no lo conocía antes y me parece de lo más original.

Anabel Botella dijo... [Responder]

Da igual lo que escribas Ángeles, lo haces muy bien ;)

Julia dijo... [Responder]

Pues ¿qué quieres que te diga que no te haya dicho ya? Que escribes de maravilla, que incluso cuando "no es lo tuyo", se te da fenomenal. Y que me encanta que hayas compartido con nosotras ese relato breve, precioso, lleno de sentimiento y de pasión... como todo lo que haces. Espero que sea el primero de muchos. Y dime de dónde has sacado la foto... El chico me tiene intrigada...

Carolina dijo... [Responder]

Uau!! Pues para no ser "lo tuyo", es realmente precioso, me ha conmovido, mucho!
Para mí, en cambio, el relato corto me resulta más fácil que la novela.
Pero bueno, felicidades, que me ha encantado!
Besos!

Ángeles Ibirika dijo... [Responder]

Muchas gracias, Ana. Viniendo de ti, que controlas tan bien los relatos, es todo un halago.
¡Felicidades por tu relato finalista en el Rincón Romántico! ¡Es precioso, como todo lo que escribes!
Besossssssssssssss

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Muchas gracias, Anabel. Se ve que tienes unos preciosos ojos con los que lees.
Un beso enorme.

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Julia, guapa. Me alegra que te haya gustado. Tal vez con el tiempo aprenda los secretos de los relatos ¡jeje! Pero es difícil, porque siempre estoy ocupada con alguna novela larga.
El chico de la foto no sé quién es. La cogí de Internet y la transformé un poquito con el Photoshop. Si lo averiguo te lo cuento, preciosa.


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Carolina. Voy a pasarme por tu blog para leer tus relatos. Seguro que me encantan.
Yo desde el principio escribí novela larga. Cuando pienso algo para un relato éste crece y crece hasta convertirse en un novelón ¡jeje! Está claro que me gusta liarme con historias que cuenten muchas cosas.
Un besazo, guapísima

Carolina dijo... [Responder]

Ángeles, si quieres conocer mis relatos, te dejo la dirección:

http://karyukai-carolina.blogspot.com/

Son relatos cortos basados en la cultura japonesa. Bueno, ahora me he "atrevido" con una pequeña novela.
Espero que te gusten.
Besos gordos.

Mar Carrión dijo... [Responder]

Me encantó este relato cuando lo leí en la revista. A parte de intrigante porque hasta el final una se piensa que el marido es el infiel, me pareció precioso y muy muy emotivo.
Hija, qué ganas tengo de pillar tu libro, que no lo he visto todavía por Albacete y ya me estoy impacientando de verdad.

Un abrazo.
Mar

Ángeles Ibirika dijo... [Responder]

Carolina, qué fascinante blog tienes y qué relatos tan sorprendentes y hermosos. La verdad es que ha sido una gran sorpresa en todos los sentidos.

Un beso, guapísima. Me verás mucho por ahí.

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Me alegra que te gustara, Mar. A ver si poco a poco le voy pillando el tranquillo al relato. Aunque (y seguro que me entiendes) como siempre estoy escribiendo alguna novela no saco tiempo para dedicarlo a esto del corto ¡jeje!

Por cierto. Creo que ya te lo dije, pero me encantó tu relato de “Regresa a mí”. Muy bueno.

Y a ver si al final encuentras la novela y me cuentas qué te parece. Que yo sepa en Bilbao la tienen El Corte Inglés, el Fnac, La casa del libro… Pero de Albacete ya no respondo. Siempre te queda la posibilidad de Libros Navlan, que te los llevan a casa además hacen descuento.

Un beso norme, preciosa.

Laura dijo... [Responder]

Fantástico Ángeles. Una lectura ligera y emocionante en forma de relato corto. Aunque tengo que confesarte que el nombre del infiel es el mismo que el de mi marido... imagínate mi sensación!
jajaja!!!

Ángeles Ibirika dijo... [Responder]

¡jajajaja! Lo imagino con claridad. Has tenido doble sorpresa al llegar al final. Espero que tu marido no sepa hacer corazones de papiroflexia ¡jeje!

Un beso enorme, preciosa. Siempre es un placer verte.

Patricia Sutherland dijo... [Responder]

Pues, ¿ves? Esta entrada me la había perdido. Me ha gustado mucho "Tu corazón de papel", es el segundo relato tuyo que leo y no sé... ¿por qué dices que los relatos no son lo tuyo? A mí me parece que se te da de miedo :-)

Ángeles Ibirika dijo... [Responder]

Patricia, cielo. Yo comencé con novela larga. Me costaba pensar en historias cortas, porque la resolución de todos los conflictos que imaginaba necesitaban páginas y páginas.

Lo intenté con “Dibujos en el cielo”, después con “Castigador”, y he seguido probando de vez en cuando, pero las historias que me surgen de pronto siguen siendo largas, muy largas ¡jejeje!

Un beso, guapísima

isabel.lovelove dijo... [Responder]

Menos mal que se te daba mal, que si se te llega a dar bien... es perfecto, me ha emocinado, sorprendido y gustado, el desenlace es el ideal, un diez. Y por cierto adoro AyD de odiarte.

Bela Marbel dijo... [Responder]

Me ha gustado muchísimo. Es sorprendente en su desenlace y te engancha desde el primer momento y por alguna misteriosa razón no quería que el infiel fuera así es que hasta me he alegrado del final.
Tanto en largo como en corto haces que sintamos lo mismo que tus personajes.

Ángeles Ibirika dijo... [Responder]

Gracias, Isabel y Bela.
Me alegra que te haya gustado el relato. En verdad los relatos no son lo mío, pero a veces, muy pocas veces, me lanzo a escribir alguno. Son muy gratificantes, porque en unos pocos días ya tienes una historia con detonante, desarrollo y final, cuando una novela larga lleva —en mi caso— más de un año terminarla y corregirla.
Gracias por contarme que te ha gustado Antes y después de odiarte. Mikel ha sufrido a mi lado durante más de un año, así que no es necesario que diga que lo amo con todo mi corazón, y que cuando alguien me dice que le ha gustado su historia, me alegro por él tanto como me alegro por mí.
Un abrazo gigante, preciosa. Y GRACIAS ♥

Bela Marbel dijo... [Responder]

Lo he vuelto a leer y me he dado cuenta que al saber el desenlace la historia me ha parecido distinta, olé.